Lógicamente el hablar es la sustancia del AT. Sólo podemos hacer algunas indicaciones al propósito, a) En sentido propio y neutral podemos distinguir la capacidad y el ejercicio, opuestas a la mudez y el silencio. Mudos son los ídolos (Sal 135,16; los animales: Sal 49,13.21, dudoso), en silencio están los muertos (Sal 31,18); son excepción los animales que hablan: la serpiente (Gn 3), la burra de Balaán (Nm 22); se llaman "perros mudos" los guardianes que no actúan (Is 56,10); silencio y tinieblas marcan la ruina de Babilonia (Is 47,5). En la era escatológica hablarán los mudos (Is 35,6). b) El hablar entra de lleno en la esfera ética: mentira, calumnia, palabras corrosivas (Sal 52,6), juramento, descubrir secretos. Los sapienciales dedican mucha atención a la ética del hablar (Eclo 5,9-15; Eclo 19,4-17; Eclo 23,7-15; Eclo 27,16-21; Eclo 28,13-23); recomienda la prudencia (Prov 11,12), duda entre hablar y callar (Sal 39); abusos del lenguaje (Sal 12). c) Esfera religiosa. Al profeta se le prohíbe hablar (Am 7), se le destruyen las palabras (Jr 36). La mudez de Ezequiel (Ez 4,11) revela el silencio de Dios. Dios habla y no calla (Sal 50,21), da sus palabras al profeta, que se queja de no saber hablar (Ex 4,10-17; Jr 1,6-10).