El sujeto es Dios, que manifiesta algo de sí mismo, del hombre, de la historia. Dios revela su nombre (Ex 3), sus cualidades, especialmente la santidad, pero no figura alguna (Dt 4), revela su plan y su estilo o modo de obrar. También revela al hombre en su actitud frente a Dios, desenmascarando e iluminando el interior; de ese modo desarrolla la ↗conciencia del hombre bíblico. Revela el sentido de la ↗historia, descubriendo su dimensión sobrehumana de salvación; lo cual incluye la explicación del pasado, el anuncio e interpretación del futuro (Is 40-55). Medios típicos de revelación son la gloria en la teofanía, la acción o brazo y sobre todo la palabra; acción y ↗palabra se sintetizan en solidez y claridad: ni meras palabras ni hechos ambiguos. Formas menores de revelación son los sueños, las suertes, la visión, algún mensajero o ángel. A la revelación responde el hombre conociendo y reconociendo, en un acto libre y responsable. ↗Fe.