El hebreo no suele pensar en términos de neutralidad, como actitud intermedia; por lo cual designa el no amor con el mismo término que el odio, acto positivo de la voluntad. Tampoco hace la distinción entre "pecado y pecador" para justificar el odio y salvar el amor. Pero sí distingue entre odio perverso y legítimo, a) Es perverso el odio sin razón del enemigo (Sal 69,5), de los malvados contra el justo (Sal 25,19; Sab 2), el pagar amor con odio (Sal 109,5); se prohibe el odio del "hermano" (israelita) aunque sea enemigo (Lv 19,17). b) Odiar es ser y sentirse inconciliable con algo o alguien. Dios odia, aborrece, detesta: las prácticas idolátricas (Dt 12,31), el robo (Is 61,8), las fiestas profanadas (Am 5,21), seis cosas (Prov 6,16); emparentada con el odio está la abominación, predicado frecuente de diversos tipos de delitos. También se dice que Dios odia a personas, significando el rechazo por la culpa (Jr 12,8: Os 9,15). También el hombre odia justamente cosas, acciones, a personas: al hermano violador (2Sm 13,22), el mal (Am 5,15), a los malvados (Sal 26,5; Sal 139,21 s).