Desempeña un papel importante en el AT. Ante todo, pertenece a la creación inicial de Dios; el hombre se manifiesta originariamente en dos sexos. Para bien y para mal, está presente en la historia: Eva en el paraíso; Sara y Agar, Rebeca, Raquel y Lía en las historias patriarcales; Séfora, mujer de Moisés; en la época de los jueces, Débora y Jael, Dalila; en tiempo de la monarquía, Betsabé, Tamar, Abigail y Micol, la mujer sabia de Tecua, la intrépida Rispa (2Sm 21); Jezabel y Atalía; en la ficción, Rut, Sara, Judit, Ester. La maternidad es su aspecto dominante, aunque también se resalta la belleza de la novia, la seducción de la prostituta. Los diversos aspectos se prestan a usos simbólicos: la novia y la matrona representan a la capital y al pueblo; la prostituta, a la nación infiel (Is 1,21); la viuda, como clase social desvalida, puede representar al pueblo en su desgracia. Nunca en Israel se admite una diosa consorte de Yahvé, sino que se atribuyen a Dios aspectos maternales (Sal 131; Is 45,10; Is 49,15). ↗Matrimonio. ↗Amor.